Y no solo eso: entran en la desesperación.
El oficialismo, del IPDP, de la Jefatura de Gobierno y de otros actores, al no entender, conocer o haber participado, desestiman los argumentos y declaraciones de los ciudadanos. En lugar de responder con claridad, se limitan a decir que todo es mentira, lo que refleja desacreditación, falta de entendimiento y poca cercanía con la ciudadanía que los señala.
Por otro lado, intentan atribuir la crítica ciudadana a intereses de algún partido político, cuando no es así. De este modo, la democratización deja de ser verdaderamente democrática.