Lo elemental es subversivo, porque altera el bienestar emocional de quien se ampara en una ética que flota en un vacío ajeno a toda circunstancia. Por eso, en esta cuestión, rara es la tertulia donde se pone de manifiesto lo obvio:
1) "Prioridad nacional" es una redundancia. Si no la hay, no hay fronteras, ni estados, ni naciones. Puedes repudiarlo pero no puedes ignorarlo: no es una opción entre otras.
2) Derivado de 1), el Estado no es una organización con fines benéficos y ámbito universal de competencias. El principio de territorialidad del Derecho no es una imposición optable, que pueda sacrificarse de forma irrestricta en el altar de los derechos humanos. El Estado mismo, y con él, todo el ordenamiento jurídico, colapsarían.
1) y 2) pueden resumirse en el sempiterno conflicto entre ética y política. Lo hay porque se condicionan mutuamente. Pero argumentar como si las limitaciones políticas pudieran derogarse apelando a principios éticos es una falacia grosera.
Sin embargo, hay un punto 3) de alcance sociológico, y aquí está también el escándalo que la progresía tertuliana omite: contemplan el partido desde los graderíos, como si se supieran protegidos y ajenos al conflicto de intereses en juego. Los problemas derivados de la inmigración y las regularizaciones no les alcanzan: pontifican porque están protegidos de ellos, su poder adquisitivo, su situación habitacional, se lo permiten. Y aquí no se da solo el fenómeno de las "luxury beliefs" acuñado por Rob Henderson. No es solo que ciertas creencias se las cuelguen como blasón de superioridad moral. Es que incluso, echando mano de un análisis típicamente marxista, se les podría acusar de pretender que las clases depauperadas, las más expuestas a los problemas causados por la inmigración promovida por los gobiernos, hicieran suyos los intereses de las oligarquías políticas, financieras y empresariales, que también están en juego en esto. Porque la nación política es también germen de desobediencia y resistencia organizada. La disolución de la nación política sólo da en la desorganización y obediencia de una masa amorfa. Sumado a la mano de obra barata, se entiende perfectamente lo que está en juego.
Crucial:
@Fgarea aquí habla en voz pasiva; la prioridad nacional, para él, era hasta hace poco «rechazada de plano». Pero ¿por quién? No por el pueblo, que la ve como lo que es, lógica. Era rechazada solo por el establishment mediático-político.
Justo lo que Vox viene a remover.