La caza de brujas cesó en España tras el proceso de Zugarramurdi (1609) por decisión de la Inquisición tras comprobar, gracias a fray Alonso de Salazar, que era una patraña de teólogos, envidias vecinales y niños alucinados y manipulados.
La “brujería vasca” no existió jamás (salvo para el genocida juez francés Pierre de Lancre). El libro de Gustav Hennigsen es una investigación ejemplar. Y es falso que solo se acusara a mujeres y que exigieran 5 acusaciones. El País de la Trola, cómo no.