La ausencia de estudios filosóficos y teológicos, la falta de interés por las artes y las humanidades, han traído como consecuencia el empobrecimiento de la reflexión y la banalización de la dignidad del ser humano. Como país, es necesario promover en conjunto un gran sueño. Desde el Evangelio y las enseñanzas sociales, la Iglesia puede y quiere hacer un gran aporte.