Durante la Guerra de Malvinas, el 10 de junio de 1982, nos enfrentamos -tres hombres de mi sección y yo-, contra una patrulla del SAS, en un combate a todo o nada del que resultamos vencedores; produciéndole al enemigo una baja (Capitán John Hamilton) y un prisionero (Cabo 1ro Roy Fonseca).
Veinte años después tuve la oportunidad de reunirme con la viuda del Capitán Hamilton en Londres. El periodista inglés nos presento: "él es quien mató a su marido héroe"; la viuda de Hamilton, Victoria Carter, me miró, me sonrió, me tendió la mano y le dijo al periodista: "el no es un asesino, es un soldado que peleaba por su Patria".
Todos los días le doy gracias a Dios por la vida que he tenido, por los combate que he librado, por los hombres valientes que me han permitido que los condujera a vencer o morir: Eusebio Moreno, Francisco Altamirano y Roberto Ríos. Todos los días le agradezco a Dios haber combatido sin odio contra enemigos valientes que, más allá de todo, lucharon con honor y heroismo.