Cuando Donald Trump bombardeó Irán, la OPE y el propio José Antonio Kast salieron a celebrar una acción tan irracional como peligrosa, aun cuando era evidente que una escalada de ese conflicto podía terminar afectando el precio del petróleo, la inflación y el bolsillo de las familias chilenas.
Hoy, con la reapertura del estrecho de Ormuz y el alivio que eso significa para la economía mundial, intentan hablar como si hubieran sido observadores imparciales de esta crisis. Pero no lo fueron.
Quienes celebraron el bombardeo también celebraron las consecuencias que esa decisión podía traer para Chile. Porque cuando aumenta el precio de los combustibles, cuando sube la inflación y cuando se encarece la vida, quienes pagan no son Donald Trump ni sus admiradores locales: son las familias trabajadoras, que bajo este gobierno, también por una decisión ideológica, no pudieron tener el alivio de mecanismos que antes usaron los más diversos gobiernos, como el MEPCO.
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