Tuve la oportunidad de viajar muchísimas veces a Aruba y Curazao, pasar temporadas allí y ver de cerca la gran cantidad de venezolanos que tenían inversiones en ambas islas. También visité la refinería de San Nicolás en Aruba cuando estaba inoperativa y pude recorrer sus instalaciones y las urbanizaciones que la rodeaban.
Durante décadas, Aruba y Curazao vivieron una relación económica muy estrecha con Venezuela. Todo giraba en torno al comercio bilateral, las inversiones venezolanas y, sobre todo, las operaciones de PDVSA en las refinerías. La Refinería Isla en Curazao procesaba 335.000 barriles por día, fue operada por PDVSA bajo contrato de arrendamiento desde 1985 hasta finales de 2019 (34 años) y llegó a representar entre el 8% y 10% del PIB de la isla. Originalmente la había construido Shell en 1918 y se la pasaron al gobierno de Curazao en 1985 por un guilder simbólico. PDVSA la mantuvo activa para preservar los empleos y la economía local; en sus mejores épocas generaba miles de puestos de trabajo directos e indirectos.
En Aruba, la Refinería San Nicolás tenía una "capacidad de entre 209.000 y 235.000 barriles por día. En 2016, CITGO (subsidiaria de PDVSA) firmó un contrato de arrendamiento por 25 años y se comprometió a invertir entre 450 y 685 millones de dólares para modernizarla y procesar crudo extrapesado venezolano". Lamentablemente, por las sanciones y los problemas que todos conocemos, la operación no cuajó del todo y el control regresó al gobierno de Aruba alrededor de 2020.
Estas refinerías estaban diseñadas precisamente para nuestro crudo pesado, y junto con el comercio bilateral (petróleo, combustibles y productos básicos a cambio de bienes y servicios) fueron el motor económico de las islas durante más de treinta años. PDVSA invirtió cientos de millones en mantenimiento y operaciones, pagaba arrendamientos importantes y generaba divisas que sostenían las economías locales. Cuando la Isla cerró en 2019, en Curazao hubo verdadera preocupación por la crisis económica que podía venir. Es por eso que me parece inaceptable esta campaña de “olvido y perdón”. Miles de venezolanos han buscado refugio en Aruba y Curazao "(alrededor de 17.000 en Aruba y 14.000 en Curazao según estimaciones recientes)", y muchos reportes hablan de estigmatización, trato discriminatorio y políticas restrictivas. La proximidad geográfica, cultural y económica debería generar solidaridad, no rechazo. Esa misma sociedad que se benefició tanto del petróleo venezolano, de nuestras inversiones y de nuestra mano de obra, nos dió la espalda.
La memoria histórica no se borra por conveniencia.
En lo que a mi respecta como decía mi difundo Padre: "Les eché la cruz con la mano izquierda" no vuelvo nunca más a menos que haya alguna manifestación de muy buena voluntad.