Dijo una vez Karl Popper: “Hay que sustituir la pregunta ¿quién debe gobernar? por esta: ¿cómo organizamos instituciones políticas para impedir que gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?”
Esta es una de las ideas más importantes y revolucionarias del filósofo austro-británico. Popper rechazó la tradicional obsesión por encontrar “el mejor gobernante” (ya sea un rey sabio, un líder carismático o un partido perfecto) y propuso en cambio una visión más realista y humilde de la democracia.
Para él, el verdadero problema de la política no es cómo conseguir que gobiernen los mejores, sino cómo diseñar un sistema que limite el daño que pueden causar los malos o incompetentes. Esta idea es la base de lo que llamó “ingeniería social piecemeal” y de su defensa de la sociedad abierta.
Es una frase profundamente sabia y actual: nos recuerda que una buena democracia no depende de tener líderes perfectos (que casi nunca existen), sino de tener instituciones fuertes, controles, transparencia y mecanismos que protejan a la sociedad de abusos de poder.
Esta es una de las mejores definiciones de democracia que se han formulado en el siglo XX.