Vamos a aclarar la situación del acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
Aún no hay un texto definitivo y lo que circulan son versiones de los dos lados que no coinciden.
Aunque se anuncia una firma inminente la fecha más probable sería el viernes 19. El principal escollo es que en Irán el ayatola Jamenei no aprobó todavía el texto. En tanto eso no suceda, la incertidumbre sigue.
Trump lo da por hecho y anunció la apertura de Ormuz, sin embargo Irán todavía no oficializó el levantamiento de bloqueo.
La principal divergencia es respecto al programa nuclear iraní y el destino del uranio enriquecido.
Tampoco hay una coincidencia sobre si Irán seguirá cobrando peaje por el Estrecho. Menos aún si el acuerdo es vinculante con un cese del fuego en el Líbano punto de momento Israel rechaza cualquier condicionante a su ofensiva contra Hezbollah.
Al menos en ese punto el acuerdo no tendría una aplicación práctica sin una anuencia de los israelíes.
La otra divergencia que también se vincula con Israel es respecto al apoyo de Irán a sus proxies. La cuestión desapareció del texto original y es un problema porque condiciona el cese del fuego en el Líbano y que Israel haga que funcione el trato.
Lo que sí se ha logrado es establecer la idea tanto en Estados Unidos como en Irán de no profundizar la escalada. Esta circunstancia fue tomada por el mercado y en consecuencia el barril de Brent bajó hasta los U$S 81.
Esta caída también tiene que ver con el hecho de que con una menor conflictividad, mejora la situación de las coronas petroleras que impulsan este acuerdo. El rol de Qatar como mediador y El auxilio de Pakistán, que a su vez cuenta con el apoyo de Arabia Saudita, fue crucial para convencer a Trump sobre la necesidad de llegar a un acuerdo. Los EAU también respaldan está salida.
Ahora todas las miradas están puestas en la decisión de Jamenei, y en la actitud del Netanyahu frente a un acuerdo que no satisface las necesidades estratégicas de Israel.
Irán ya avisó que no abandonará a sus proxy en el Líbano. Ese es el tercer factor de incertidumbre antes de anunciar el fin de la crisis.
Queda claro que el fin del conflicto en el Líbano solo puede darse si Israel se retira de ese territorio. Esta sería una victoria sorpresiva para Irán facilitada por Trump punto pero también una situación que resulta inaceptable para Israel. En tanto israelí como Hezbollah estén enredados en un conflicto resulta complicado sostener cualquier arreglo.
Luego luego queda por ver si son ciertos los rumores de una compensación inmediata en dinero a Irán como parte del acuerdo. Esa demanda junto con el alivio las sanciones dentro de los 60 días posteriores a la firma son el otro requisito que impone Teherán.
Pero el aspecto más complejo tiene que ver con las garantías para que Irán no reinicie su programa nuclear militar. No queda claro cuál es el mecanismo por el cual Estados Unidos puede forzar la entrega del uranio enriquecido ni cómo podrá ejercer el control sobre todas las instalaciones, incluyendo las que no están blanqueadas, para evitar que en algún momento del futuro se anuncie de manera sorpresiva que Irán se ha convertido en una potencia nuclear.
Eso nos regresa a Israel que observa el acuerdo como un freno que no resuelve lo que considera un riesgo existencial. En consecuencia no puede garantizar que respetará un acuerdo del que no es parte. Al menos por lo que se sabe de los documentos, Israel tiene que ceder pero no recibe nada a cambio.
La otra cuestión de fondo es que por ahora se llegó a un acuerdo para un tiempo de negociaciones de 60 días. No es más que una moratoria para la actual crisis. Dada la cantidad de puntos de desencuentro, puede que sea un lapso muy corto para resolver cuestiones tan de fondo.
En cualquier caso lo que tenemos es un anuncio sin la certeza de su aplicación práctica. Y una baja en el precio del petróleo que alivia a la economía global.