Sigo con mi prédica aunque parezca inútil para algunos. Es necesario reflexionar y mucho. La gravedad de una muerte bajo custodia del Estado no debe llevarnos a sustituir el análisis jurídico por consignas de exterminio político. Cuando el Estado falla en proteger la vida de un detenido, oculta información o actúa con opacidad, se configura una degradación institucional que compromete la responsabilidad de los funcionarios involucrados y erosiona la confianza pública. Pero precisamente por éso, la respuesta democrática no puede ser “no volverán” y mira que en su momento yo misma callé frente a esta respuesta, lo cual admito fue un error. Ahora lo que más nunca debe suceder es que el poder —sea cual sea su signo político— pueda actuar sin controles, sin transparencia y sin rendición de cuentas. Jamás puede volver a pasarnos como país.
En un Estado constitucional, ningún carcelero puede ser ley, juez y verdugo. La función de la ciudadanía organizada y de las instituciones es impedir que el poder se concentre hasta ese punto. La justicia no se construye desde el odio ni desde la lógica del enemigo absoluto, sino desde la exigencia firme de verdad, responsabilidad y garantías para que hechos así no se repitan jamás.
Mucha agua ha corrido debajo del puente para que hoy después de todo lo que nos ha pasado, aprendamos esta dura lección.
Saludos
MADM