A ver, Orlando. Trataré de responderte como lo hago con quienes realmente no entienden las razones del pensamiento crítico y las juzgan. No, como lo haría en el caso de quienes sí las entienden perfectamente, pero intentan borrarlas, menospreciarlas y confundirlas con motivos oscuros (tu caso).
La razón para que alguien sea sometido permanentemente al "escrutinio ideológico" obedece principalmente al hecho de la ambigüedad con la que él o ella se presentan y describen. Con la claridad con la que definen su ideología, su partido y los valores fundamentales que lo rigen. Con sus símbolos, con sus discursos, con sus afiliados, pero sobre todo: con los hechos.
Decir "soy vegetariana" con los cubiertos clavados en un jugoso bistec, te someterá al escrutinio inmediato de todo ser pensante. Decir "expropiar es robar", abrazada a ladrones de partido que defienden y participan en tu causa... te someterá al escrutinio de todo ser pensante. Decir "soy de centro" mientras te arrimas sonriente y embelesada para la foto con un reconocido símbolo de la guerrilla de izquierda... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Decir durante años "votar es colaborar con el régimen", porque conoces más que nadie al monstruo que vive en las máquinas de Smartmatic/Dominion, para luego decir "el que no vote colabora con el régimen"... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Tratar de mostrar que tus "aliados naturales" son de derecha, pero los ignoras con una prudencia que raya en lo exasperante, mientras rindes loas y aplausos a toda la izquierda trasnochada mundial... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Decir que el liderazgo anterior forma parte de un "alacranato", mientras sigues contando con él, con su veneno, para representarte por el mundo y que sea la vocería de tu causa... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Entregar la medalla del Nobel, si, es una causa noble y justa cuando deseas otorgarle reconocimiento a quien comparte tu ideal, tu estrategia libertaria, tus medios para lograrlo, tus aliados. No, cuando hasta le declaras a su propio hijo, y al mundo, que valerse de esos medios y estrategias (soldados) "sería una locura". Mucho menos, cuando llegas a ceder dicho galardón, acompañada de quien por años, (ella y su esposo), llamaban "idiota" al que pretendes agasajar... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Solicitar la alianza de un presidente entrante, enviando a tu títere a abrazar al saliente, con el agravante de saber (con pruebas que especialmente tú siempre tuviste) que el saliente robó las elecciones... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Conservar a un títere que fungió como diplomático de Chávez, que condenó al "carmonazo" que lo tumbó y que luego celebró su regreso. Un títere cuya misión sigue siendo demostrar que "el socialismo bueno sí funciona", abrazado a la izquierda española... te someterá al escrutinio de todo ser pensante.
Como verás, no es "alguna razón", podríamos escribir un libro con mil razones más para explicarte el por qué del escrutinio.
Tu ejemplo al escudriñar a Trump, Milei, Bukele, Meloni, Orbán, etc., no es válido, y ¿sabes por qué no lo és?, porque independientemente de que alguno de ellos nos guste o deje de gustar, de que condenemos o aplaudamos sus ideales y acciones pasadas, cada uno de ellos ha demostrado con HECHOS OBJETIVOS grandes logros reales. No se erigieron como coaches espirituales. Entendieron que sus países no son "nórdicos" y que para salvarlos del eje del mal hacía falta mucho más que la ambigüedad, el discurso políticamente correcto, la simpatía y la espléndida sonrisa. Condenar la rigurosidad con la que se examina a un líder político te convierte en un fanático de secta.
Llamarnos chavistas por no querer prender a ciegas la velita de tu santo es tan repudiable como los que aún se las siguen prendiendo a Chávez.
...Como verás, sí, sí hay otras razones.
Por alguna razón, a María Corina Machado se le ha impuesto un escrutinio ideológico como si se tratara de una candidata a una elección en algún país nórdico, y no una líder en un contexto de guerra abierta contra el narcotráfico y el crimen organizado. Una rigurosidad que se le aplica a ella como no se le aplica a absolutamente ningún líder de la derecha en ningún país del hemisferio.
Es tan irracional que mi única forma de explicarlo es que detrás de estos esfuerzos está el régimen chavista, con el propósito de minar sus relaciones con aliados naturales.
Es irracional porque, pese a que estamos en guerra, pese a que todo su equipo ha sido encarcelado, exiliado o asesinado; pese a que su patrimonio ha sido liquidado, su familia ha sido acosada y ella ha sido sometida (y agredida y amenazada); para algunos lo que importa es con quién se tomó una foto hace 15 años o qué opina sobre determinada cuestión cultural. Y a partir de ello alzan unas campañas obsesivas y difíciles de explicar si no hay fondos detrás.
Y lo hacen algunos que pretenden al mismo tiempo perfilarse como aliados de la lucha contra el régimen chavista. No lo son. No lo son cuando ignoran la realidad de María Corina Machado para crear relatos a partir de información limitada o sin contexto. ¿Y cuál es la realidad de María Corina que esta gente no cuenta? Que ella fundó el primer partido anti-socialista en la historia de Venezuela. Que fue la primera en insertar en la discusión política venezolana, en buen tono, la palabra capitalismo. Que fue la primera cuyo partido, Vente, empezó a formar jóvenes en todo el país, en zonas rurales y pobrísimas, en torno a las ideas de Mises o Hayek. Que fue la primera en decirle a Hugo Chávez, en su cara, que expropiar era equivalente a robar. Que fue la primera en recorrer Venezuela hablando de la importancia del empresario, de la propiedad, el valor del trabajo y la sacralidad de la libertad individual. Pero más allá de eso, y en cuanto a lo que más importa en esta guerra, es la única líder en la oposición venezolana que no ha pactado con el chavismo, que no ha permitido que su movimiento sea permeado por la corrupción, que ha sacrificado su patrimonio, su familia y su integridad física —sin tener que hacerlo y pudiendo haber optado por una vida cómoda en Nueva York o Madrid. Que lo ha arriesgado absolutamente todo —literalmente todo—, por esta causa. Y, a este punto, es una de los pocos liderazgos latinoamericanos con relaciones excepcionales con el presidente Trump (se comunica ahora con él a través de su número personal); pero que además guarda excelentes vínculos con Vox en España, Meloni, Javier Milei, Santiago Peña, Daniel Noboa, José Antonio Kast, Orban, etcétera... Sin embargo, a ella, solo a ella, se le aplica un cálculo ideológico que absolutamente ningún otro líder sufre —y eso que ellos no viven, ni remotamente, el contexto existencial de Venezuela.
Digo que solo a ella se le aplica esa rigurosidad que no le corresponde a otro líder de la derecha de la región, porque, de aplicarse, ninguno —o muy pocos— pasarían la prueba.
A ver: Donald Trump fue demócrata; donó a los Clinton. Su postura frente al aborto no es rígida (lo apoya en ciertas excepciones) y le ha pedido a su partido que relaje su posición frente al tema. Asimismo, su administración ha ampliado el acceso a la fertilización in vitro. Milei no es precisamente conservador; Bukele procede de la extrema izquierda salvadoreña (FMLN) y simpatizó en algún momento con Hugo Chávez. Y, sobre lealtades y afinidades, que también es un punto de discusión estos días: JD Vance llegó a criticar fuertemente al presidente Trump. Puedo seguir con ejemplos menos circunstanciales, que demuestran que, además, hay algo que en el mundo no solo es legítimo sino valioso y deseable: la gente cambia de opinión. Verbigracia, varias de grandes referencias personales, como Fernando Sánchez Dragó, Raymond Aron, Antonio Escohotado, Jean-François Revel, Oakeshott, ¡o el mismo Vargas Llosa!, provinieron de la izquierda. Muchos de los mejores conservadores son los conversos, porque pocos conocen el monstruo como aquellos que lo vivieron —pero este es otro tema, claro.
En fin, no todos son ejemplares frente al reclamo conservador (o de derecha en general) —no todos cumplen a rajatabla con las exigencias doctrinarias de unos u otros, porque además puede que sea algo imposible. Pero a casi todos los apoyamos decididamente, porque la mayoría, al menos eso quiero pensar, sabemos que a lo que nos enfrentamos, sobre todo en Latinoamérica, trasciende los caprichos ideológicos y culturales. Hablamos de la guerra contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo. Y todos son infinitamente superiores a sus contrincantes en la izquierda.
Ya llegará el día, Dios quiera pronto, en el que en Venezuela sea un país ordinario donde podamos abocarnos a discutir temas como las drogas, la eutanasia o los diferentes pronombres. Mientras, nuestra guerra, la de nosotros —a quienes nos han matado gente, secuestrado hermanos o acosado familia—, es existencial.
Una guerra por vivir. Una guerra por ser libres.
Y, quienes intentan sabotearla, día y noche, a este punto es claro: juegan para el régimen.
No hay otra explicación.