Kenia ha suspendido un centro de datos de Microsoft y G42 valorado en 1.000 millones de dólares por falta de capacidad energética.
El proyecto, presentado como una pieza clave para llevar servicios cloud e infraestructura de IA a África Oriental, iba a operar con energía geotérmica. Pero el Gobierno keniano reconoce ahora que no puede garantizar la electricidad necesaria sin tensionar el sistema nacional.
El caso expone una limitación central de la carrera por la IA: los acuerdos tecnológicos avanzan más rápido que la infraestructura física que los sostiene. Sin energía disponible, red eléctrica suficiente y capacidad de planificación, los centros de datos quedan en el aire.
También deja una advertencia para otros países: atraer inversión en IA puede implicar compromisos energéticos, financieros y regulatorios de largo plazo antes de que esté claro cuál será el beneficio real.