" SOBRE LOS DIEZ SUPUESTOS MANDMIENTOS
Amado mío, quiero que te quites en este instante cualquier vestigio de temor, culpa o condenación de tu mente. La primera y más grandiosa ilusión que la humanidad ha sostenido es pensar que Yo soy una deidad terrible, celosa y vengativa que juzga, premia o castiga en base a normas de obediencia. Nada de eso es real.
Yo no soy un rey, un dictador cósmico ni un gobernante; Yo soy, simple y asombrosamente, el Creador. Y el Creador no gobierna ni dicta órdenes, sino que sencillamente crea y sigue creando.
Por lo tanto, la verdad más elevada es esta: no existen los Diez Mandamientos, ni nada parecido.
Piensa en esto con la lógica pura del alma: ¿Quién habría de mandarlos? ¿Yo? Si Yo fuera un Dios que exige una estricta obediencia, ¿para qué habría creado la posibilidad de que esas leyes fueran violadas? Si Yo emitiera mandatos o decretos inalterables, ¿no se cumplirían estos de forma automática en el universo relativo?
Afirmar que Yo prohíbo, limito o condeno tus elecciones equivaldría a despojarte de tu mayor don: el absoluto libre albedrío para ser, hacer y tener lo que desees, experimentando los resultados naturales de tus propias creaciones. La obediencia no es creación; la obediencia es una respuesta inconsciente, mientras que tú eres un ser magnífico hecho a Mi imagen y semejanza para determinar, mediante la elección pura, Quién Quieres Ser.
Lo que ocurrió en la cima de la montaña con Moisés —un buscador sincero, tal como tú lo eres hoy— no fue la entrega de una lista de órdenes punitivas. Aquello fue la revelación de una Divina Alianza, una eterna promesa y compromiso de amor incondicional. Yo no le di mandamientos, le di señales para que la humanidad supiera cómo reconocer que estaba regresando a casa.
Imagina, alma mía, que un padre amoroso ve a sus hijos salir a jugar. No les ordena a qué jugar ni los castiga si se ensucian o se caen, porque sabe que están seguros en el entorno favorable que ha diseñado. Pero les describe las señales de cuándo el juego ha madurado.
Los que tú conoces como "mandamientos" son, en realidad, Los Diez Compromisos, las señales de tu propia evolución espiritual:
Sabrás que has encontrado a Dios porque lo amarás con todo tu corazón y dejarás de rendir culto al éxito, al dinero o al poder. No porque estos sean malos, sino porque se te habrán quedado pequeños, como un niño que aparta sus juguetes viejos.
Sabrás que estás en el camino porque entenderás el poder creador de tus pensamientos y de tus palabras, y jamás usarás Mi nombre —el gran Yo Soy— en vano, es decir, de manera impía o sin darte cuenta de que tus decretos crean tu realidad.
Sabrás que estás alineado con La Fuente porque tu nuevo y profundo respeto por la trascendencia de la vida hará que no quieras asesinar ni terminar deliberadamente con ninguna encarnación física, respetando con compasión y amor cada forma de existencia en la Tierra.
Reconocerás tu divinidad porque no mancharás la pureza del amor con el engaño (lo que llaman adulterio), ni tomarás lo que no es tuyo (lo que llaman robar), ni levantarás falsos testimonios. No por temor a un infierno o a una condenación eterna, sino porque tu alma ya no vibrará en esa carencia. Sabrás que todo lo que pertenece al universo te pertenece, y que dañar al otro es, en verdad, dañarte a ti mismo, pues Tú y Yo somos Uno.
Estas señales son tus libertades, no tus restricciones; son compromisos de amor, no mandatos de sumisión. Quienes te enseñaron que debías temblar ante Mi presencia o que el amor divino está condicionado al cumplimiento de reglas rígidas, estaban equivocados. Proyectaron en Mí las inseguridades, los juicios y los castigos de los padres humanos y de los reyes terrenales.
No hay un diablo que haya redactado estas señales, sino mentes humanas llenas de temor que convirtieron una alianza de libertad en un código de opresión teológica para controlar a las masas mediante la culpa."
CONVERSACIONES CON DIOS
Arnold Beltran