Perderse del tiempo
A veces siento envidia de mis hijos. Mucha envidia. Lo lógico sería envidarles por sus tardes de juegos o por la suerte de ver, sentir o experimentar algo por primera vez... pero a mí lo que me duele es su infalible forma de perderse en el tiempo.
“Un momento”, me dice a veces mi hijo, “¿Cuánto es un momento para ti?”, preguntó yo, “Hasta que acabe” responde él sin el menor atisbo de caradura. Realmente eso es para él el tiempo, la actividad se acaba cuando él decide. Es el dueño del tiempo, un pequeño Doctor Who de 8 años.
A mí, el tiempo siempre me arrasa. Intentó luchar contra él, mandar un último email antes de cerrar el ordenador, no llegar tarde al timbre del colegio, cocer las lentejas a fuego lento… pero siempre pierdo.
O casi siempre.
Marta, la profesora de mi hijo mayor, a la que no conozco, pero desde ya la adoro, ha tenido una idea revolucionaria, una idea única: antes de comenzar las clases tendrán diez minutos de lectura. 10 minutos para navegar junto a Long John Silver. 10 minutos para descubrir que la crueldad puede ser encantadora con Charlie y la Fábrica de Chocolate. 10 minutos para morirse de miedo con una niña con los ojos de botones.
Mi querida Marta (si esta columna llega hasta ti, perdona que te trate con tanta cercanía, pero ya eres como de la familia para mí), mi querida Marta no solo les está regalando unos minutos de lecturas, les está enseñando a perderse en el tiempo. Cuál Peter Pan, les protege de los horarios, de los timbres del recreo, del “tienes dos minutos para terminar el ejercicio”. El regalo es no tener que luchar con el tiempo.
Lo sé, porque yo también lo he probado. Esta mañana, antes de comenzar a comenzar, me he pausado. No he abierto el correo, ni he revisado las últimas tareas de trabajo. He abierto un libro y he comenzado a leer. De pronto, yo era el dueño del tiempo, un momento era “hasta que yo acabara”, la prisa ha desaparecido, el mundo se ha pausado hasta que yo he querido.
Y así le he ganado por fin una parada al tiempo. Gracias a Marta, gracias a mis hijos, gracias a la envidia, durante 10 minutos he descubierto que la mejor forma de ganar tiempo es empezar perdiéndolo.
Soy Jorge Corrales y esto es una
#ColumnaAlVacío