Esta semana, en
@AdvanFactories, he podido comprobar una vez más hasta qué punto la industria ha abrazado con entusiasmo la promesa de la 𝐈𝐧𝐝𝐮𝐬𝐭𝐫𝐢𝐚 𝟒.𝟎. Más sensores, más conectividad, más automatización, más analítica, más visibilidad, más capacidad de anticipación...
Una promesa que es cierta, pero el problema aparece cuando damos por hecho que una mayor inteligencia tecnológica trae consigo, de forma automática, una inteligencia organizativa equivalente. Y ahí conviene ser claros... y cautos, porque 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐚́𝐛𝐫𝐢𝐜𝐚 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐦𝐮𝐲 𝐝𝐢𝐠𝐢𝐭𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐝𝐚 𝐲, 𝐚𝐮𝐧 𝐚𝐬𝐢́, 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐭𝐨𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐚𝐥𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬. Algo de lo que además tuve el gustazo de hablar en un panel junto a Daniel Panadero, Ramon Torres, Albert Almajano y Edu Blanco.
Porque registrar más datos no es lo mismo que interpretar mejor. Automatizar más respuestas no equivale a comprender mejor el sistema. Y disponer de visibilidad en tiempo real no garantiza, por sí solo, una mejor jerarquización de prioridades cuando aparece una desviación, una excepción o una tensión entre eficiencia, resiliencia y servicio.
De hecho, una parte importante del desafío industrial actual no está solo en desplegar tecnología, sino en desarrollar la capacidad organizativa para 𝐠𝐨𝐛𝐞𝐫𝐧𝐚𝐫𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐜𝐫𝐢𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨. Y eso implica revisar procesos, redefinir responsabilidades, reforzar el papel de quienes traducen estrategia y operación, formar de verdad a los mandos intermedios y evitar la tentación cada vez más frecuente de confundir la recomendación del sistema con el cierre del juicio.
Porque la industria no vive solo de la repetición. Vive también, y quizá sobre todo, de la 𝐠𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨́𝐧 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐥𝐢𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐩𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬. Y éstas no se gobiernan solo con automatización. Se gobiernan con experiencia, contexto, criterio humano y una organización capaz de pensar sistémicamente.
Por eso creo que la conversación seria sobre Industria 4.0, tal y como hemos comentado en varios paneles de Advanced este año, debe ir un poco más allá de los casos de uso, las arquitecturas y las tecnologías habilitadoras. Debe entrar de lleno en una cuestión bastante más decisiva, y es 𝐪𝐮𝐞́ 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐠𝐚𝐧𝐚 𝐨 𝐩𝐢𝐞𝐫𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐭𝐞𝐜𝐧𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚 𝐞𝐧 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐭𝐚.
Porque una fábrica inteligente sin una organización pensante puede resultar muy convincente en una presentación. Pero en el mundo real es, más bien, una fragilidad sofisticada.
Sobre ello, comparto con vosotros un nuevo articulo en '𝐵𝑒𝑡𝑡𝑒𝑟 𝐵𝑢𝑠𝑖𝑛𝑒𝑠𝑠 𝑓𝑜𝑟 𝑎 𝐵𝑒𝑡𝑡𝑒𝑟 𝑊𝑜𝑟𝑙𝑑' que, como siempre, espero que os resulte interesante y os haga pensar:
betterbusinessbetterworld.su…
... y no os perdáis las recomendaciones finales.