Está sucediendo algo muy interesante en el mundo corporativo.
Se empieza a discriminar silenciosamente los documentos, escritos, posts, presentaciones, creadas de manera evidente con inteligencia artificial.
Se percibe como “atajo”, que implica flojera, falta de creatividad o incluso intento de engaño. Se cuestiona la capacidad de quien lo presenta.
Y coincide en parte con lo que escribió hace unos días Satya Nadella. La creatividad no se delega. El juicio no se automatiza. La voz humana no se genera y quien lo esté intentando cada vez será más relegado, señalado como una copia.
El mercado está rechazando silenciosamente a quienes usan la IA para fabricar lo que no pueden producir solos, y premiando, aún con errores, a quienes producen lo propio. Quizá es instinto de supervivencia colectivo.
Y eso me da mucho gusto.