La SURAMINA, un antiparasitario de 100 años de antigüedad, originalmente utilizado para la enfermedad del sueño africana, desaparece misteriosamente del debate público al vincularse con la reversión del AUTISMO.
En 2017, el pequeño pero impactante estudio del Dr. Naviaux demostró que una sola dosis mejoraba drásticamente el habla, la interacción social y la calma en niños autistas.
Las grandes farmacéuticas guardaron silencio al instante.
¿Por qué? La suramina no se puede patentar, es barata, ya no tiene patente y desbarata el modelo de lucro.
El autismo no es una enfermedad, es un modelo de negocio. Hay que seguirle la pista al dinero.