Primero os pasáis días señalando a Jon, publicando dónde trabaja, reconstruyendo su biografía y orquestando un linchamiento público. Cuando se cierra la cuenta, la culpa la tiene el BBVA. Vosotros solo pasabais por allí.
Y de paso se cae vuestro propio argumento inicial. Si el BBVA es el que ha forzado el cierre, es porque su actividad en redes no defendía la posición del banco, sino que la incomodaba. Llevábais semanas insinuando que Jon era el portavoz oculto de los intereses del BBVA, y ahora resulta que el banco prefiere que se calle. No se sostiene ni cinco minutos.
Habéis ido a por el empleado, no por la empresa. Habéis hurgado en su nómina, no en sus datos. Habéis convertido un debate sobre pensiones e impuestos en una caza personal. Y ahora que ha funcionado, exigís que se señale como responsable a la entidad para no asumir vuestro propio papel en el linchamiento. Es la cobardía elevada a método.
Si tuvierais un solo argumento sobre el fondo, lo habríais usado. No lo teníais. Por eso escogisteis el atajo: destruir al mensajero y luego lavarse las manos.
Eres tan riguroso como siempre.
Si alguien le ha obligado a cerrar su cuenta, habrá sido el BBVA.
¿No te atreves a señalarle como responsable?
Es pura retórica.
Por supuesto que no te atreves.
Sigue moviendo la portería.