Martín Zabaleta ascendió al Everest en 1980 y puso, en su cima, una ikurriña con el anagrama de ETA. Hoy, el
@AthleticClub lo homenajeará permitiendo que realice el saque de honor del partido contra el RCD Espanyol.
Al parecer, Zabaleta «está harto del tema», pero no consta que se haya arrepentido de su actitud. Que podría ser. Han pasado 44 años y Zabaleta podría decir: «Mira, en aquella época yo pensaba de una forma, pero estaba equivocado y ya no pienso así». Yo lo aceptaría. Todos tenemos derecho al error y a la rectificación. Pero, hasta donde yo sé, no lo ha hecho. A Zabaleta, ETA le gustaba. Una ETA que, ese mismo año de la coronación del Everest, mató a 95 personas. En doce meses. Zabaleta lo sabía y lo apoyaba. Y, ahora, lo van a homenajear como a un «héroe». Como si nada hubiera sucedido. Como si la historia la pudiéramos reconstruir obviando los detallitos menores. ¿A quién le importan aquellos 95 asesinatos de 1980? Pasemos página.
Pues no. Yo no trago con nada de esto. Me dan asco el Zabaleta de 1980 y el Athletic de 2024.