Supongo que el uso de un vehículo del Estado para fines religiosos en un Estado aconfesional habrá corrido a cuenta de los interesados, ya sea el Papa o el Rey, no? No????
Magnífico final de la Serie
La función debía terminar en lo alto. Y, como en las buenas producciones, no faltó el giro final: el avión del Papa se avería. Casualidad, por supuesto. Un contratiempo técnico en el momento justo, con puntualidad dramática. Entonces irrumpe la generosidad regia. El rey- siempre oportuno- decide prescindir de “ su” avión y cedérselo al Pontífice. Un gesto magnánimo: el Papa regresa a Roma y la Corona, regresa al centro del escenario envuelta con un gesto televisado de utilidad pública que resulta imposible de sostener fuera de este momento teatralizado.