Dime que eres culpable sin aceptar que eres culpable.
“Yo soy bueno, de buenolandia”
Recurro en estas horas a un viejo preceptor, a quien frecuento en las horas llanas y en las empinadas, el gran Séneca.
Cito, de su magnífico “De la providencia”:
“¿Por qué te extraña que los hombres buenos, para que se fortalezcan, se vean zarandeados? No hay árbol firme ni fuerte sino aquél sobre el que se abate un viento constante, pues por el maltrato mismo se ve obligado a sujetarse y hunde sus raíces con más resolución: son quebradizos los que han crecido en un soleado valle. Luego también es provechoso a los hombres buenos, para que puedan mantenerse impasibles, meterse mucho en situaciones pavorosas y soportar con ecuanimidad lo que no son males sino para quien mal los sobrelleva.”