El magnate de Hong Kong, Hui Sai Fun, falleió en 2018 dejando una fortuna de $5,350 millones de dólares.
Para evitar que sus herederos malgastaran el patrimonio, tomó una decisión brillante:
Colocó todo en fideicomiso familiar
En lugar de recibir miles de millones, su hijo Julian Hui y otros 14 familiares reciben una asignación mensual de $256,000 dólares.
A este ritmo, el capital tardaría 1,750 años 1.416 en agotarse; sin embargo, al estar invertido, los intereses anuales superan los pagos, haciendo que la fortuna sea infinita.
Hui Sai Fun no dejó dinero, dejó un sistema.
Demostró que el verdadero poder no es heredar riqueza, sino blindar un legado para que las próximas generaciones nunca conozcan la escasez.
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