Si ya sabés programar, el próximo salto no es aprender otro framework.
Es aprender a diseñar apps.
Cuando una app crece, muchos problemas no están en el código, sino en cómo fue diseñada.
Empiezan a aparecer siempre las mismas preguntas:
- ¿cómo manejo más tráfico sin romper todo?
- ¿qué cosas puedo cachear y cuáles no?
- ¿qué operaciones deberían ser asíncronas?
- ¿qué pasa si un servicio falla?
Ahí entran conceptos como load balancing, caching, queues, rate limiting o sharding.
Son patrones que nacen para resolver problemas puntuales que sufren las aplicaciones grandes.
Podés escribir buen código y aun así construir una app que no escala bien.
La arquitectura es lo que cambia eso.