Otro problema de seguir pregonando el nivel de aprobación como si fuera relevante más allá de la gente que se dedica al análisis político y electoral, es reforzar la idea de que un presidente está para mantener contenta a la gente. No. Hay una infinidad de politicas públicas o reformas muy necesarias que serían extremadamente impopulares. Pero el trabajo de los políticos debería ser, justo, hacer lo que se tiene que hacer en lugar de moverse en función del aplauso. Por eso llegamos a extremos ridículos como en CDMX, donde todo mundo puede hacer lo que se le dé la gana, sin importar nada ni a quien afecte, porque aplicar la ley es muy impopular. ¿Multar gente que viola el reglamento de tránsito? No, porque esa gente quizás no quiera votar por ti.