Desde niño, con el ejemplo de mis abuelos, aprendí a admirar a los maestros: su paciencia, su vocación y su entrega.
Ver a mi abuela Ada Luz, quien se jubiló hace más de 30 años, recibir este homenaje me recuerda de dónde nace mi respeto, compromiso y admiración por los docentes: de verla enseñar con el corazón.
Agradezco sinceramente a las autoridades del Instituto Técnico Ramón Rosa de mi querida Gracias, Lempira, por este reconocimiento, y por mantener viva la gratitud hacia quienes dedican su vida a formar generaciones.