Hoy alguien volvió a decirlo con una sonrisa burlona:
—Tú limpias culos.
No es la primera vez que lo escucho. Y probablemente tampoco será la última.
Esta vez no me quedé callado.
Sí, limpio culos. Pero también hago muchas otras cosas. Lavo cuerpos frágiles, ayudo a vestirse, corto uñas, doy de comer, escucho historias que nadie más tiene tiempo de oír y trato de devolver un poco de dignidad a personas que un día lo dieron todo por los demás.
Hago posible algo que muchos prefieren no mirar: que alguien pueda levantarse, sentirse limpio, acompañado y tratado como un ser humano.
Para algunos es “un trabajo sucio”. Para mí es humanidad.
Es fácil admirar profesiones que dan dinero, poder o prestigio. Lo difícil es reconocer el valor de quienes cuidan cuando la vida se vuelve frágil.
Muchos de los que se burlan nunca han necesitado ayuda para levantarse de una cama o para ir al baño. Pero la vida cambia rápido.
Y cuando llegue el día en que no puedan hacerlo solos, entenderán algo muy simple:
que quien está allí ayudando no es alguien “que limpia”.
Es alguien que sostiene la dignidad de otro ser humano.
Así que sí. Limpio culos.
Y lo hago con respeto, con paciencia… y con orgullo. ❤️