En este artículo el filósofo Drew M. Dalton, explica la visión del mundo que se desprende de las leyes de la termodinámica, que no es precisamente una visión muy optimista, así que si no tienes buen día igual mejor que pases a otra cosa. Trata también las repercusiones desde el punto de vista moral de esta visión.
La cuestión es que las leyes de la termodinámica revelan un Universo que no apoya la vida, sino que la utiliza para acelerar su propia destrucción. El Universo no tiene un propósito de creación o preservación; su función es disipar energía hasta alcanzar un estado de equilibrio total (cero absoluto), donde nada puede existir. Esta visión desafía la noción de que la naturaleza es un modelo ético o estético, mostrando que está intrínsecamente en contra de la existencia de cualquier ser consciente.
Desde la perspectiva termodinámica, el sentido de la vida no radica en un propósito trascendental o en el florecimiento, sino en su contribución al proceso entrópico. La vida es un agente de destrucción, ya que los organismos vivos consumen energía (alimentos, recursos) y la disipan como calor o desechos, acelerando el colapso del sistema en el que existen.
"El 'propósito de la vida', desde una perspectiva termodinámica, podría resumirse en una sola palabra: metabolismo, que [Sean Carroll] define como, esencialmente, 'quemar combustible’."
La vida, lejos de ser una fuerza creativa que desafía la entropía, es un mecanismo que la promueve. Por ejemplo, las plantas convierten la energía solar en materia orgánica, que luego es consumida por otros organismos, disipando energía en cada paso. Este proceso no es un acto de creación, sino de descomposición acelerada.
Esta es la cuestión física pero la termodinámica plantea también un desafío ético: si la realidad es intrínsecamente destructiva y causa sufrimiento a los seres conscientes, no puede considerarse moralmente buena o neutral. Dalton argumenta que la realidad es "maligna" porque está organizada en contra de todo lo que crea, forzando a los seres a consumir y destruir para existir, lo que genera sufrimiento inevitable:
“Todo come y es comido. Todo destruye y es destruido. Tal es el orden inextricable del universo. Para mantenernos, debemos consumir y, al hacerlo, absorber, descomponer y disipar nuestro entorno inmediato en un proceso que necesariamente contribuye a su desaparición y a la nuestra. Tal es el propósito, la función metabólica, de nuestras vidas desde una perspectiva termodinámica.”
En este contexto, la moralidad no puede basarse en alinearse con la naturaleza, como sugerían los filósofos clásicos ("Vive de acuerdo con la naturaleza", Marco Aurelio). Hacerlo sería ser cómplice de un sistema "enteramente maligno". En cambio, la bondad se redefine como resistencia al flujo entrópico, a través de actos que minimicen el daño o prolonguen la existencia contra la tendencia destructiva del Universo:
"Si ser cómplice del flujo destructivo del Universo es maligno, entonces la bondad podría redefinirse como aquello que resiste la naturaleza y la estructura de la realidad, por más inútil que sea.”
Ejemplos de esta resistencia incluyen prácticas como el veganismo, la medicina (que retrasa la muerte) o el cuidado compasivo, que buscan reducir el sufrimiento o el consumo excesivo. Sin embargo, estas acciones son inherentemente fútiles, ya que la entropía siempre prevalece. La bondad, por tanto, reside en el esfuerzo de resistir, no en el éxito de detener la decadencia.
"Es nuestro deber golpear de vuelta al Universo."
Pasa buen día :)
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