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-Le caga una paloma (señal de buena suerte) -Se lo limpia con la mano (se la pela) -Sonríe a la cámara como si fuese George Clooney (🤤) - Con toda la mierda en la mano va a saludar al primer random que encuentra para limpiarsela MI PILOTO
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Lo mejor y lo peor de la edad, según Bob Dylan “Lo mejor Lo mejor de tener 80 años es que sobrevives a los relojes que te han estado persiguiendo. Es la libertad de esa mentira de que alguna vez todo estuvo bajo control. Ya no persigues el desfile. Eres un viejo rey de algún país desaparecido. Eres más difícil de programar. Ya no te apresuras por convertirte en algo y no te persiguen las cosas que hiciste. Te persigue lo poco que realmente importó de la forma en que pensaste que importaría. Lo peor Lo peor de tener 80 años es que todavía quieres decir sí a todo, pero el mundo avanza sin pedir permiso. El viejo fuego en tu corazón todavía te dice que hagas esto y aquello, pero tu cuerpo dice que ya lo hicimos. Además, nada te sorprende. Suena como un lujo, pero no lo es, y además te has quedado sin ilusiones. La gente te trata como si hubieras resuelto algo o hubieras perdido algo, y no es así. Ves la vida repitiéndose por todas partes. Lo realmente peor de tener 80 años es que descubres, al fin, que has comprendido algo que podría haberlo cambiado todo en el pasado, si hubiera llegado en un momento en que aún se podía cambiar algo. Cuando eres joven crees que el tiempo avanza. A los 80 sabes que no lo hace, que se queda quieto. Los que nos movemos somos nosotros”.
Bob Dylan: The best thing about aging is freedom from the lie that anything was ever under your control.
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Los jóvenes, su mayor virtud es la curiosidad: a través de su insubordinación descubren los limites de la realidad.
Cuando un joven se plantea el sistema Cada cierto tiempo aparece un vídeo de un joven cuestionando algo que la mayoría de los adultos considera más que evidente. ¿Por qué tengo que trabajar para vivir? ¿Por qué la comida cuesta dinero? ¿Por qué una vivienda depende de la capacidad económica de cada persona? Y casi siempre ocurre lo mismo. Antes de que alguien responda a las preguntas, aparecen las burlas tipo "Niñato". "Le falta trabajar". "Vive de sus padres". "Le falta una buena dosis de realidad"... El comentario de un joven en el mundo actual es comprensible, aunque muchas de sus reflexiones contengan simplificaciones o desconocimiento de cómo funciona una sociedad compleja. Pero también hay una mala reacción por parte de quien le insulta. Una reacción intelectualmente pobre porque desprecia a la persona sin intentar comprender sus inquietudes. Y quizás la cuestión más interesante no sea si el joven tiene razón. Quizás sea por qué cada vez más jóvenes se hacen preguntas parecidas. Los milagros que hemos dejado de ver Durante la mayor parte de la historia humana estas dudas apenas podían plantearse. La relación entre esfuerzo y supervivencia era evidente. Si no sembrabas, no había cosecha. Si no había cosecha, había hambre. Hoy vivimos rodeados de logros que habrían parecido milagrosos para cualquier generación anterior. Abrimos un grifo y aparece agua potable. Entramos en un supermercado y encontramos productos procedentes de medio mundo. Encendemos una luz. Recibimos un paquete en pocas horas. Hablamos instantáneamente con alguien al otro lado del planeta. Y precisamente cuando hemos normalizado esos milagros, surgen nuevas preguntas. Si somos capaces de producir alimentos para miles de millones de personas, ¿por qué sigue existiendo el hambre? Si construimos ciudades enteras, ¿por qué resulta tan difícil acceder a una vivienda? Si la tecnología multiplica nuestra productividad, ¿por qué tantos jóvenes sienten que cada vez les cuesta más alcanzar la estabilidad? No todas las respuestas son sencillas. Pero tampoco todas las preguntas son absurdas. Sin embargo, también hay una realidad que solemos olvidar. Muchos de los problemas que atribuimos al sistema son anteriores al sistema. Incluso si desaparecieran los gobiernos, los mercados, las empresas o los bancos, seguiría existiendo una cuestión elemental. La naturaleza no entrega gratuitamente alimentos, refugio o energía. Hay que producirlos. La humanidad lleva miles de años intentando resolver esa dificultad fundamental. La política y la economía son, en buena medida, distintas formas de organizar ese esfuerzo colectivo. Sin embargo, tampoco conviene caer en el error contrario y pensar que todas las dificultades actuales son simplemente consecuencia de la naturaleza. El acceso a la vivienda, la incorporación al mercado laboral o la posibilidad de formar una familia dependen también de decisiones políticas, instituciones concretas y prioridades colectivas. Cuando una generación encuentra cada vez más difícil acceder a aquello que sus padres consideraban normal, la pregunta no es únicamente qué ocurre en la economía. También es legítimo preguntarse qué está ocurriendo en el Estado, en las leyes, en la educación y en el conjunto de instituciones que organizan la vida común. El sacrificio necesita una promesa Existe una frase que resume buena parte del malestar de muchos jóvenes actuales. ¿Por qué voy a aceptar tantos sacrificios si ya no veo claramente la recompensa? Durante generaciones existió un contrato social implícito. Estudia, trabaja, esfuérzate y tendrás una vida mejor. No era una garantía absoluta, pero sí una expectativa razonable. Sin embargo, muchos jóvenes observan hoy que hay una realidad diferente. España mantiene una de las tasas de desempleo juvenil más altas de Europa, en torno al 25%. La edad media de emancipación supera los 30 años. En muchas ciudades el alquiler consume más del 40% del salario de un trabajador joven. Mientras tanto, desde 2018 la cesta de la compra ha aumentado cerca de un 38%, la electricidad alrededor de un 50% y los combustibles cerca de un 30%. La renta per cápita nominal ha crecido, pero descontando la inflación acumulada el poder adquisitivo real ha retrocedido. Muchos ciudadanos ganan más euros que hace unos años, pero esos euros compran menos cosas. Entonces la pregunta deja de ser una extravagancia juvenil. Se convierte en una cuestión política y social primordial. Ahora bien, una sociedad no puede construirse únicamente sobre expectativas materiales. La incertidumbre económica explica una parte del malestar, pero no toda. Muchos jóvenes no solo tienen dificultades para acceder a una vivienda. También encuentran más difícil imaginar un proyecto vital estable. La fragilidad de los vínculos personales, el retraso en la formación de familias, la sensación de provisionalidad permanente y la pérdida de referentes compartidos alimentan una incertidumbre que no aparece en las estadísticas, pero que forma parte de la experiencia cotidiana de millones de personas. Una generación puede sentirse insegura incluso rodeada de comodidades materiales si deja de percibir un horizonte claro hacia el que dirigir sus esfuerzos. El contrato social que España debe ofrecer Una sociedad puede exigir esfuerzo. Puede exigir disciplina, responsabilidad y compromiso. Lo que no puede hacer es exigirlo todo mientras ofrece cada vez menos oportunidades de prosperar. España no puede prometer riqueza inmediata ni una vida cómoda sin sacrificios. Necesita algo mucho más sencillo. Restaurar la confianza en que el esfuerzo merece la pena. Ningún joven espera convertirse en millonario por estudiar una carrera o completar una formación profesional. Lo que espera es algo más modesto y razonable. Poder alquilar una vivienda sin dedicar medio sueldo a ello. Poder formar una familia sin que cada hijo se convierta en un problema económico. Poder ahorrar algo a final de mes. Poder creer que dentro de diez años estará mejor y no peor que hoy. Cuando una sociedad deja de ofrecer esas expectativas, el problema ya no es generacional. Es institucional. Pero el contrato social no puede formularse únicamente en términos de derechos. También implica deberes. Ninguna sociedad puede garantizar oportunidades si deja de existir una masa suficiente de personas dispuestas a producir, emprender, cuidar, enseñar, construir y asumir responsabilidades. Los alimentos no aparecen en los supermercados por decreto. Las viviendas no se construyen mediante declaraciones de buenas intenciones. La riqueza que luego se distribuye debe ser creada previamente por alguien. Por eso el verdadero objetivo no debería ser liberar a los ciudadanos de toda carga, sino asegurar que las cargas que asumen tengan sentido y encuentren una recompensa justa. El trabajo tampoco es únicamente una fuente de ingresos. Es una de las formas fundamentales mediante las cuales participamos en la vida de los demás. El agricultor produce alimentos para personas que nunca conocerá. El médico atiende a pacientes que no forman parte de su familia. El profesor transmite conocimientos que sobrevivirán a su propia generación. Incluso los trabajos más modestos suelen formar parte de una cadena de cooperación mucho más amplia de lo que percibimos. Cuando una sociedad deja de presentar el trabajo como una contribución a una obra común y lo reduce exclusivamente a una obligación económica, termina debilitando el vínculo moral que une a sus miembros. El riesgo de responder con desprecio Existe una tentación muy humana de ridiculizar estas inquietudes. Se responde que los jóvenes viven mejor que nunca. Y es verdad. Disfrutan de una esperanza de vida superior a los 83 años, de una sanidad extraordinaria, de tecnologías que habrían parecido ciencia ficción a sus abuelos y de niveles de comodidad material impensables hace apenas un siglo. Pero precisamente por eso conviene escuchar sus preguntas con atención. Una generación puede vivir rodeada de abundancia y, al mismo tiempo, sentir que los grandes hitos de la vida adulta se alejan. Puede tener un teléfono inteligente en el bolsillo y no poder independizarse. Puede acceder a toda la información del mundo y no saber si podrá formar una familia. Puede disfrutar de más entretenimiento que ninguna generación anterior y sentir menos certezas sobre su futuro. Del mismo modo, tampoco conviene idealizar cualquier forma de descontento juvenil. Las prioridades de cada generación cambian. Nuestros abuelos aspiraban principalmente a estabilidad, propiedad y familia. Muchos jóvenes actuales valoran además la movilidad, la autonomía personal, las experiencias y la libertad de elección. Esa transformación cultural no invalida sus dificultades, pero sí ayuda a comprender por qué algunas comparaciones entre generaciones resultan más complejas de lo que parecen. Una parte del debate contemporáneo consiste precisamente en intentar conciliar esas nuevas aspiraciones con las condiciones materiales necesarias para sostenerlas. Responder a todo eso con un "le falta trabajar" es tan superficial como responder a cualquier problema económico diciendo simplemente "que el Estado me pague más". Las caricaturas son cómodas porque simplifican la realidad. Comprender exige mucho más esfuerzo. Escuchar antes de responder Quizás el verdadero problema no sea que algunos jóvenes cuestionen el sistema. Quizás el problema sea que demasiados adultos han dejado de preguntarse por qué lo defienden. Las sociedades más sólidas no son aquellas donde nadie cuestiona las reglas. Son aquellas capaces de explicar por qué existen, corregirlas cuando dejan de funcionar y transmitir a cada nueva generación razones para participar en el proyecto común. Los jóvenes aportan preguntas. Los mayores aportan experiencia. Los primeros recuerdan que el mundo siempre puede mejorarse. Los segundos recuerdan que la realidad tiene límites que no desaparecen por decreto. Ambos son necesarios. Una civilización no se conserva humillando a quienes la heredarán, pero tampoco mintiéndoles sobre la dureza de la vida. Se conserva ofreciéndoles instituciones justas, oportunidades reales y una tarea que merezca la pena asumir. Al final, la cuestión decisiva no es si los jóvenes comprenden perfectamente el sistema. La cuestión es si el sistema sigue siendo capaz de explicarles por qué merece la pena participar en él. Porque cuando una generación deja de percibir sentido en el esfuerzo, el problema ya no es únicamente económico ni político, empieza a ser un problema de toda una civilización.
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Hoy se cumplen 11 años de este momento histórico en una piscina de Teruel: "La tranquilidad es lo que más se busca"
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Irónico que los que nos devolverían a la edad de piedra estaban haciendo cosas con drones y vehículos no tripulados que ahora han normalizado los ucranianos y rusos. 8 años antes.
Gamepad Controlled IED Tank Robot Detonates near Iraqi Humvee (Mosul, 2017)
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Desde hoy, los humanos somos minoría en internet. Cloudflare acaba de confirmar en su reporte que la mayoría de los que navegan son bots y agentes de inteligencia artificial. Si lo sumamos a que la mayoría del contenido nuevo que se publica ya lo escribe una IA, podemos afirmar que somos visitantes en un espacio que dejó de pertenecernos, donde cada vez se vuelve más difícil distinguir qué es real y qué no. Todavía quedan reductos, como Reddit, donde la gracia siempre fue la opinión de un usuario que probó algo y te decía la verdad. Pero como tampoco hay forma de verificar si atrás del teclado hay alguien de carne y hueso, parece que va a seguir la suerte de los otros sitios. ¿Qué va a pasar entonces en un mundo en el que nos acostumbramos a entrar a internet a buscar a dónde irnos de vacaciones, qué aspiradora conviene comprar, o si vale la pena ese jueguito nuevo? Cuantos más robots haya dando vueltas, más valiosa va a ser cada fuente que se pueda verificar como humana. La autenticidad vale más que nunca, porque la confianza solo se construye con otro como nosotros, con ese instinto que nos permitió organizarnos en sociedad y llegar hasta acá.
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In Finland they made a dance to show migrants not to rape them "Stop don't touch me, this is my no go space"
What's a video that defines Peak Woke?
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ROBLOX TERRORISM
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La neurodivergencia no es necesariamente un error de diseño ni una versión superior del ser humano. No hace falta romantizarla. Puede formar parte de la variabilidad natural que ha permitido a nuestra especie adaptarse a entornos muy distintos. Rasgos que en algunos contextos generan dificultades pueden, en otros, aportar ventajas reales: detectar patrones, profundizar en un interés, explorar alternativas, cuestionar convenciones o percibir matices que otros pasan por alto. Pero reconocer esas posibles ventajas no significa negar las dificultades. No todas las manifestaciones de la neurodivergencia son adaptativas ni todas las personas neurodivergentes experimentan beneficios derivados de sus diferencias. Como ocurre con muchas características humanas, sus ventajas, sus costes y su impacto dependen tanto de la persona como del entorno en el que se expresan. Version libre, como siempre.
Jun 11
What If Neurodivergence Isn’t A Condition At All… It’s the last remaining fragment of original human consciousness.Before civilization trained us to Compartmentalize our attention, Suppress our sensory input, Trade authenticity for belonging, Outsource our intuition to rules and clocks… every mind operated like ours Wide open, Pattern detecting at hyperspeed, Feeling the emotional weather of the entire room, Rejecting anything that felt untrue or unsafe, Society didn’t evolve past us.It fractured away from us creating the narrow filtered, neurotypical mode as a survival hack for dense populations, factories, and endless bureaucracy. We’re not the glitch, We’re the backup drive humanity accidentally left running. The proof? The explosion of late diagnoses The way normal people burn out the second they drop the mask for a week The quiet envy in their eyes when we hyperfocus on something that actually matters They built a world that runs on reduced bandwidth… and now they’re glitching harder than we ever did. If this is my last one: You were never supposed to shrink to fit their bandwidth. The world is running out of people who still remember how to feel it all.We’re not broken.We’re the ones who never got fully domesticated.
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No sé qué decir
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The iconic MW4 menu background is a real photo taken during the Second Battle of Fallujah, Iraq (2004).
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82 years ago today, Easy Company enters the town of Carentan. 🪖
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Jsjsjs puedes confirmar que no hay por qué tener miedo @MurcianoJapo ?
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En España ha desaparecido la clase media, entendida como aquella parte de la población que posee un piso, aspira y puede hipotecarse para tener un segundo en un lugar vacacional, poder darse un viaje de vez en cuando y no sufrir cuando un el coche o un electrodoméstico “casca”.
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¿Os suena La Sombra de Carl Jung? Que os va a sonar, si no tenéis ni puta idea de nada. Si queréis comprender de una vez por todas, que coño és, de dónde viene y qué significa aceptarla👇 youtu.be/rEhHio9SjRg?is=i03s…
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If Das Boot is a good anti-war film for showing how war is weeks of waiting with hours if not minutes of terror, & Come and See is a good anti-war film for showing the depths of human depravity in war, Jarhead is a good anti-war film for showing how 98% of guys experience neither
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Jun 13
estoy llorando
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OK... take my money
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