¿Por qué es tan peligroso para la izquierda que los jóvenes, y no tan jóvenes, vuelvan al cristianismo y comiencen a ir a misa? Versión corta, porque se les cae el chiringuito.
Versión larga, vamos.
Convencieron a las mujeres de que los hombres las oprimían, las dominaban, eran sus enemigos y sólo estarían a su altura si se deconstruían y se convertían en peleles sin instinto de protección ni fortaleza. Ellos se hicieron débiles y sumisos; ellas, frívolas y superficiales.
La izquierda escogió a las mujeres para experimentar porque había perdido la batalla de los obreros y necesitaba otro colectivo al que engañar. Y lo lograron, muchas tienden más a la izquierda, que las maneja como José Luis Moreno a Monchito. Son permeables porque les encanta creer que deberían aspirar a más, que son más guapas y más listas que sus novios o maridos. Y así caen en la trampa.
Los hijos, un estorbo. Sé mamá de un gato.
Los viajes solas, las fiestas solas, las noches con mil distintos. Independientes y autosuficientes. La consecuencia: consumos nunca vistos de ansiolíticos porque nada es suficiente para acallar la tristeza, la impotencia, la soledad.
La familia es una carga, haz tu propia familia con tus amigas. Felicidad de plástico que se da de bruces contra la realidad al llegar a casa y sólo tener que preparar el plato de Whiskas. Han cambiado la cruz por el horóscopo.
Los hombres están perdidos. Los que no sucumbieron al planchabraguismo se han parapetado tras cien trincheras. No confían en las mujeres. Otros se han extremado y creen que todas son iguales. Son desagradables y están resentidos, a diario los leemos en X. Podría ser acción-reacción, pero me temo que simplemente son hombres sin autoestima. Sin más.
Y ahora llegamos a los jóvenes: carecen de una brújula que les indique el Norte. Sus padres salen y se emborrachan. Sus madres salen y se emborrachan. Ellos llegan a su casa y no hay nadie que le pregunte qué tal el colegio o el instituto. La armonía del hogar ha desaparecido. No van a misa los domingos y después a tomar el aperitivo como hacíamos antes. Ahora existe el consumismo para aplacar conciencias y móviles de última generación para callar culpas.
Y ellos también están solos. Desde pequeños. Pero no deberían sentirse así, necesitan que se los guíe , que se les diga por dónde ir y qué camino evitar. Recurren a sus pandillas, y su moral se forja entre Internet y la profesora de Psicología de pelo morado. En el colegio cambiaron la cruz por el puño cerrado. Están hechos un lío.
Cuando no encuentran refugio al que acudir, se interesan por una comunidad que los acoge, les da amor, les enseña el camino de la bondad. Aprenden a seguir a Jesús y él les dice que, mientras sigan a su lado, nunca estarán solos. Aprenden a compartir, a cuidar, a perdonar y a amar, lo que deberían haberles enseñado en casa, pero nunca hay tiempo. En el colegio les enseñan los quinientos géneros y el drama del cambio climático. Los adoctrinan y les ocultan la historia más grande jamás contada, esa que acabó con la vida del Hijo de Dios. Pero el día que lo descubren y se zafan de las garras de las Charoprofesoras y los aliades, ese día descubren la libertad. Y la necesitan cada día un poco más. Por eso empiezan a ir a misa, a comulgar, a orar y confesarse. Porque Dios es todo y con él no hay imposiciones ni cancelaciones. Él es el Amor y los jóvenes lo necesitan, andan muy faltos.
Y cuando no necesiten ese apoyo de los colectivos feministas, elegetebé y ecologistas, verán que todo era mentira y elegirán quedarse con la única Verdad. Y por eso la izquierda sigue combatiendo con todo lo que tiene: prensa, televisiones, influencers... Pero las redes se llenan de crucifijos, de bendiciones, de fe.
Y no hay nada más peligroso para el poder establecido que Jesús. Bien lo aprendieron los fariseos y los comerciantes del templo. La izquierda perderá la batalla porque no ofrece nada, su recompensa es fútil y vacua.
La Cruz ganará, siempre lo hace.