UN FIN EN SÍ MISMO
VALLE DE SOMBRAS fue concebida hace un par de años, en una conversación con tres de mis mejores alumnas, hoy grandes amigas. Sí: soy ese docente, audazmente cercano para algunos, que entiende que enseñar es, igualmente, sinónimo de vincularse.
Ese día se abrió paso una historia épica, anclada en el presente del Valle de Aburrá: una historia de pasiones y risas, de amores y filosofía, atravesada por un elemento esencial: la fantasía. Mi primera obra de ficción empieza, cada vez con más fuerza, a ver la luz.
En parte, también es un relato autobiográfico: una forma de afirmar la vida que me ha correspondido vivir —y que no ha sido sencilla—.
Y ahí nace Cristian del Toro.
Cero original el nombre, lo sé. Precisamente por eso.
El Señor del Toro tiene 45 años y es un empresario de la industria de la fiesta en Medellín. Al mismo tiempo, es un hombre con múltiples heridas sanadas que lo han hecho no solo más fuerte y mejor persona, sino plenamente consciente de su propio poder.
Es frenético, temperamental y brutalmente honesto —a veces al borde de la grosería—, pero también es un hombre recto, de sentimientos intensos y muy hermosos. Con todo en contra —cuerpo, legado, carencias—, siempre vuelve a ponerse de pie. Y no por casualidad, vuelve, además, a amar.
En Damián Bruzuga encuentra no solo a su compañero de vida, sino a la fuerza que lo reta, lo transforma y lo lleva a otro nivel; es, asimismo, su mejor musa.
Cristian del Toro no es un personaje más: es mi manera de decir “esto fui, esto soy y esto estoy decidiendo ser”. Y apenas comienza.
VALLE DE SOMBRAS no es una novela cualquiera: es un universo en expansión. Una estirpe narrativa que recién abre su primer umbral… y el día que tú la conozcas, ese día quedarás deslumbrado.
#ValleDeSombras ☀️🌕💫