Anexo liga y síntesis de la interesante intervención del Periodista Felipe Monroy, en el primer webinar especial de Diálogos por la Esperanza, para abordar la nueva encíclica Magnífica Humanitas del Papa León XIV.
Inició afirmando que el Papa León XIV no desatendió la complejidad del servicio que hace la Iglesia en materia política. Apuntó que, en varios numerales, se señala que este no debe ser de dominio ni de superioridad sobre los márgenes de verdad, sino acompañando a ésta, desde la realidad, en una forma más horizontal.
Asegura que efectivamente estamos ante un nuevo paradigma con el uso de las nuevas herramientas tecnológicas, en el cual el ser humano está llamado a situarse frente a la realidad y la verdad. Señaló que como periodista este tema le importa.
Subrayó que el pontífice no cae en entusiasmos tecnócratas ni en apocalipsis ingenuos. Reconoce también que las herramientas digitales y la inteligencia artificial constituyen un cambio radical —como lo fue la revolución industrial para León XIII— que exige no solo enseñar a usar tecnologías, sino formar conciencias capaces de discernir cuándo estas sirven a la verdad y cuándo la simulan o distorsionan.
Uno de los aportes de Monroy es su insistencia en que la encíclica reposa sobre una antropología relacional: el ser humano se constituye en diálogo consigo mismo, con la historia, con el prójimo y con la casa común. La verdad, por lo tanto, no es un dato que se impone desde arriba, sino una búsqueda compartida que ocurre en la horizontalidad del encuentro.
Monroy destaca con crudeza una afirmación central de la encíclica: existen poderes económicos y tecnológicos con capacidad de “convencer a un número significativo de personas sobre la verdad de Dios, del mundo y de la existencia”. No hay eufemismos. El riesgo es la construcción de una nueva Torre de Babel: una inteligencia artificial que, lejos de liberar, termine totalizando la realidad bajo una lógica tiránica, uniformadora y adormecedora. Frente a esto, el reto es cooperar para desenmascarar asimetrías y cultivar el pensamiento crítico como práctica de libertad. No se trata de rechazar el progreso, sino de encarnarlo en actitudes de cuidado y acompañamiento —un eco claro del magisterio del Papa Francisco.
León XIV —dice Monroy— no es pesimista, sino realista. Y en ese realismo anida la esperanza. Porque el ser humano no es sólo objeto de las transformaciones, sino sujeto de la historia: percutor y destinatario de una armonía prometida. Aquí la comunicación obtiene su vocación más alta: acompañar personas capaces de protagonizar su tiempo, de no dejarse arrastrar por el determinismo tecnológico, y de ejercer la ternura como resistencia civilizatoria frente a la frialdad de los algoritmos.
Cerró su intervención con una reivindicación del periodismo como servicio integrador, paciente y caritativo. Su reflexión interpela directamente a la sociedad. Así como el periodista debe desenmascarar las asimetrías del poder, la sociedad está llamada a generar espacios de verosimilitud, de diálogo concreto y de búsqueda colectiva de la verdad. Sólo así, en este servicio de comunicación se ensaya la democracia argumentativa, se aprende a nombrar la realidad y se cultiva la esperanza activa.
Monroy finaliza destacando que frente a un horizonte tecnológico que promete resolver y simplificar todo, Magnífica Humanitas nos invita a no tener miedo de las tensiones y los conflictos propios de la convivencia humana y social, sino a reconocerlos e integrarlos en procesos de negociación y acuerdos más profundos.
Como Usted puede apreciar, la intervención fue muy rica y oportuna. Si le es posible ayúdenos a difundirla.
Aquí la liga:
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Un abrazo en la oración.
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